Día de la radio, 101 años de transformación y compañía.

Opinión, por Santiago Abregú

Tantas veces la mataron, tantas veces murió y sin embargo sigue ahí resucitando; porque la radio es así, resucita todo el tiempo, sabe amoldarse y sabe transformarse. Pero en su transformación logra mantener algo que ningún otro medio consigue; acompañar. La radio acompaña siempre. Te acompaña cuando estás de viaje, te acompaña cuando querés escuchar música, cuando querés informarte, cuando querés apagar la mente, cuando no querés sentirte sole, cuando querés tomar algo, cuando estas triste, cuando estás feliz; la radio siempre está ahí.

Para quienes hacemos radio el desafío es constante; es qué hacer y cómo hacer para no dejar de acompañar; es generar contenidos accesibles para todes, de calidad y con compromiso social. También es competir con formatos pregrabados lanzados en plataformas digitales cual canciones. Sí, me cuesta imaginar el podcast como radio; con respeto a quienes producen contenido de muy buena calidad; pero me cuesta imaginar al podcast como radio. Me cuesta porque el ida y vuelta con le oyente es diferido, porque pierde los equívocos, pierde la improvisación; pierde las tentadas al aire, risas tan genuinas que hacen reír al oyente.

También me cuesta entender la radio hecha por quienes no escuchan radio; es como hacer cine sin mirar películas, o componer música sin escucharla. Me cuesta porque el amor a la radio se compone de dos partes; del amor a escucharla y el amor a hacerla. Porque la radio es una escuela constante de generar sensaciones y sentimientos a través de la escucha.

Se cumple un nuevo aniversario de la primera transmisión radial, aquella que utilizó un elemento bélico como era el radiotransmisor en las guerras, para convertirla en un elemento de felicidad. Se cumplen 101 años de que la música, las palabras, la información y la compañía ingresen en las casas para nunca irse.